Desde la Alameda, mil guitarras por la paz al ritmo del estallido

El 25 de octubre de 2019, el centro de Santiago fue una marea humana. Tras una semana de protestas en rechazo a la represión, que desde Santiago se fueron ampliando a todo el país, surgió la convocatoria a la “marcha más grande de Chile”.

Como ha sido ampliamente difundido, más de un millón doscientas mil personas colmaron la Alameda, portando consigo el germen del “Chile despertó”, que luego se transformaría en la consigna ícono del movimiento. Desde todos los rincones de la ciudad, miles de personas dieron vida a la mayor concentración humana en el país tras el retorno de la democracia, consiguiendo con creces el objetivo de la convocatoria. A decir de muchos, fue la una de las manifestaciones de masas más grandes en la historia del país.

Fueron días de profunda tristeza, pero también de unión y esperanza, donde cada quien hizo lo que pudo para hacer frente a la insólita e inusitada declaración de guerra del presidente de la república contra su propio pueblo: «estamos en guerra contra un enemigo poderoso, implacable, que no respeta a nada ni a nadie”. Y no fueron solo palabras. Al 25 de noviembre ya se contaban más de veinte de muertos en las protestas.

Y haciendo gala del amor de su pueblo, la figura de Víctor Jara adquirió gran notoriedad pública a través de la difusión de su canción “El derecho de vivir en paz”, así como por su presencia en los muros a través de innumerables stencils, grafitis, y del desarrollo de diversas acciones artísticas.

Había que aportar con algo, pero había tantas ganas como dudas. Así que, tras llamar a diversos amigos y colegas para consultar su opinión,  saber si se sumaban y ayudaban a difundir, nos dimos a la tarea: apoyaríamos cantando. Aprovechando la convocatoria, diseñamos un sencillo afiche invitando al “Mil guitarras por la paz”, acompañado de un “lleva tu guitarra e instrumentos y entre todos cantemos por el derecho de vivir en paz”.

La convocatoria se estableció a las 16:00 en la Biblioteca Nacional. Pese a las ganas de situarla en la ya renombrada “Plaza dignidad”, primó la prudencia y el cuidado del colectivo. Una cosa es protestar con la propia humanidad, y otra con la guitarra a cuestas.  Ya a las 15:30 el lugar estaba colmado de gente, como esperando el inicio de un concierto. Al mismo tiempo y como podían, avanzando entre la multitud, poco a poco se incorporaban los guitarristas a tomar cualquier lugar disponible en las escalinatas y la vereda. En la calle, estudiantes del Centro de Danza Espiral, montaban una coreografía tras cuyo término, convenimos, se daría inicio a la guitarreada. Con la cooperación de todos, y con no poco esfuerzo, se logró despejar la escalera de la biblioteca y tratar, entre el bullicio y la muchedumbre de “organizar” la actividad. No llegaron los parlantes, así que a viva voz se coordinó el inicio. Como siempre en estos casos, se trabaja con lo que hay.

Así, sonaron “El derecho de vivir en paz”, “El aparecido”, “Plegaria a un labrador” y “Te recuerdo Amanda”, en lo que se pensó como una breve intervención musical como aporte a la marcha. Después de los últimos acordes, nadie se movía y como seguía aumentando la convocatoria, convenimos en cantar otra vez el repertorio, en medio de una gran emoción, ya con un coro de varios miles de personas. Cantamos por los que no estaban, con tanta rabia como esperanza. Y allí, de forma espontánea y tras un intento fallido de cantar “El pueblo unido”, surgen los conocidos acordes de “El baile de los que sobran” de Los Prisioneros, que se convirtió en una de las postales del movimiento.

“Únanse al baileDe los que sobranNadie nos va a echar de másNadie nos quiso ayudar de verdad”.

Al final nos abrazamos con las emociones en la piel, conocidos y recién conocidos, todos como parte del Chile que pedía cambios, en este caso, guitarra en mano. Había pasado algo especial, y sin duda, superando la más entusiasta de las expectativas.

Ya lo dijo Allende, “no hay revolución sin canciones”, y esta, la revuelta de los de abajo del 2019, también las tuvo.

Por Roberto Guerra Veas. Fotografías: Alejandro Cárcamo Díaz

Ver video El derecho de vivir en paz

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