Por Alan Diosdado Jaime.

Los Mitotes Culturales son eventos para convivir y conversar en torno a los asuntos de la cultura en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, México. Estos, son una iniciativa del colectivo de gestores culturales independientes Abarrotera Mexicana, en colaboración con diversas organizaciones.

Esta actividad busca abrir un espacio para reflexionar sobre qué sucede cuando se trasladan discusiones o conceptos que discuten los académicos o los especialistas a un diálogo con la diversidad de la gente en espacios no convencionales,  comúnmente en sus espacios cotidianos de convivencia, pues consideramos que tales conocimientos deben permear en la comunidad.

Nos reunimos el pasado 3 de marzo en un espacio público de Guadalajara, la plaza del Templo Expiatorio en colaboración con el proyecto del Corredor Cultural y Alternativo Expiatorio A.C, para celebrar el 1er mitote cultural con la comunidad que visita dicho espacio y los vecinos del territorio. Aprovechado además la afortunada visita a nuestra ciudad del gestor cultural Chileno Roberto Guerra Veas, fundador de la Escuela de Gestores y Animadores Culturales de Chile, quien recientemente había lanzado en la web el cuestionamiento sobre “¿cuándo se puede decir que una actividad cultural efectivamente es comunitaria?” y “¿cuáles serían sus principales características?”.

Nos sentamos, la gestora cultural  Rocío Orozco, con amplia experiencia  de trabajo de base con el Colectivo CulturAula y adherente al movimiento de la Red de Cultura Viva Comunitaria en Jalisco; el Dr. José Luis Mariscal investigador y profesor de la licenciatura Virtual en Gestión Cultural de la Universidad de Guadalajara y miembro de la Red Latinoamericana de Gestión Cultural;  el compañero Roberto Guerra y Alan Diosdado de Abarrotera Mexicana, como moderador del mitote.

En un espacio al aire libre de la plaza frente a un auditorio diverso conformado principalmente por vecinos del lugar, transeúntes, paseantes, gestores culturales interesados en la gestión cultural comunitaria y comerciantes instalados en la plaza pública. Estos últimos, organizados como parte de un corredor alternativo con un proyecto de comercio con vocación alternativa, como venta de artesanías, productores de alimentos vegetarianos entre otros.

El Mitote arrancó retomando las preguntas lanzadas por Guerra sobre la gestión cultural comunitaria y se desarrolló con la exposición de los puntos de vista de los participantes en la mesa y después con un dialogo abierto con los presentes.

Dentro de las distintas opiniones que se escucharon se coincidió en que actualmente lo comunitario se presenta reiteradamente como un subtítulo en los programas universitarios o de gobierno, confundiendo su sentido, algunas veces como acciones asistencialistas, o desde una lógica de extensionismo cultural, es decir de llevar la cultura a las comunidades.

Se concuerda en que desde la perspectiva de la gestión cultural comunitaria los proyectos se hacen desde, con y para la comunidad. En ese sentido, Guerra señala que no hay gestión cultural comunitaria cuando la comunidad está ausente.

Por lo tanto es necesario reconocer los valores presentes en las comunidades, sus recursos, sus procesos de participación y las formas en que estos se aseguran. Desde esta perspectiva, en la gestión desde la comunidad resulta necesario pensar que contenidos se pueden aportar y cuales son necesarios para el desarrollo de la misma.

Por otra parte, se concluye que trabajar en el ámbito comunitario supone un estilo de gestionar complejo, donde la disputa, los conflictos y los desacuerdos no están exentos pues son parte de la dinámica  de las comunidades y es ineludible que puedan presentarse en estos procesos.

Nos llevamos el aprendizaje de que el gestor externo a la comunidad debe permitirse integrarse a la misma, teniendo la capacidad de reconocer que el protagonismo o los logros no son a título personal y en medida que hayan más comunidades protagonistas de sus logros tendremos comunidades con mayor posibilidad de autoafirmarse y de auto determinarse.

Cerramos el mitote con la intención de invitar a los vecinos y a las comunidades, a que se animen a ser protagonistas en la realización de sus actividades culturales o bien de su desarrollo cultural, sin mayores intermediaros y a los gestores culturales diciéndoles que conserven la congruencia y la responsabilidad al trabajar con las comunidades.

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