Felizmente, desde hace un tiempo la pregunta de si existe o no una gestión cultural que pueda denominarse “comunitaria” a, fuerza de evidencia ha ido cediendo lugar a sus propios actores que hablan de sus prácticas

Bien podría decirse también, que de algún modo, se trata de la gestión antes de la gestión; de aquellas experiencias que desde sus modos vienen hace décadas generando sentidos y abriendo espacios de participación en sus comunidades.

“De esta forma, no resulta extraño constatar que las prácticas de autogestión -entendidas como la capacidad de alcanzar los objetivos y materializar definiciones desde las capacidades propias- sean consustanciales al surgimiento de la gran mayoría de las organizaciones comunitarias en nuestros países. Es por eso que con o sin el concurso de las instituciones, estas experiencias dan vida a una práctica que posibilita el acceso a la cultura en lugares donde la oferta del Estado no siempre llega y donde el mercado no muestra mayor interés. En sus múltiples formas, el acceso a la cultura contribuye de manera decisiva a la apertura de espacios de encuentro y expresión de las personas, grupos y comunidades posibilitando el desarrollo de experiencias que generan alto impacto en las biografías personales”, como Roberto Guerra plantea en el libro “Elaborando un proyecto cultural: guía para la formulación de proyectos culturales y comunitarios”.

En esta dirección, compartimos la conversación que sostuvo Roberto Guerra con José Luis Mariscal de la Universidad de Guadalajara, en la idea de estimular la conversación sobre la gestión cultural en el ámbito comunitario.

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